ALFREDO RODRÍGUEZ: EL MAESTRO INSOBORNABLE

Por: Marcelo Palacio Bermúdez

El profesor de la Universidad Javeriana Hernando Bernal Martínez escribió en alguna oportunidad lo siguiente: “Una de las mayores deformaciones que sufre la música de estos tiempos es la generada por la industria que la comercializa. Como ejemplo se presentan promociones de trabajos de bajísima calidad ante un público acrítico y masivo.


Son las compañías productoras las que deciden quien suena y quien no, con criterios muchas veces sin fundamento, ocasionando que muchos músicos que realizan trabajos talentosos estén fuera del mercado”; y el gran músico brasileño Hermeto Pascoal agrega, en una entrevista lograda por el mismo profesor Bernal Martínez: “La música comercial, la música por dinero, es como la lluvia: puede ser muy fuerte pero pasa rápido; entonces la gente espera que pase y listo. La música de verdad, la que yo llamo música universal, esa no se acaba nunca, esa música continúa evolucionando”.

En el enmarañado y en muchas ocasiones, viciado mundo de la música popular, existen maestros que no se dejan llevar por los vaivenes que plantean los poderosos consorcios musicales, artistas que no hacen conseciones con las grandes transnacionales de la industria del disco y prefieren no ser ubicados en las listas de los mimados del público y de los empresarios y ser mirados con recelo por quienes controlan los movimientos dentro de este negocio, antes que ser infieles a sus principios irrespetuosos con sus raíces.

Este podría ser el caso de un pianista sencillamente maravilloso, un virtuoso que entregó generosamente su talento respetando profundamente sus principios, un maestro que a pesar de las dificultades conservó siempre ese entusiasmo y esa idea de darle a la música popular de nuestros pueblos el status que merece, un luchador incansable que luego de muchos años de brega y en una tierra extraña y totalmente opuesta a nuestra cultura, alcanzó el justo reconocimiento a sus sacrificios y desvelos por hacer de la música latina una expresión importante en el escenario internacional, su nombre: Alfredo Rodríguez.

Como se escuchó en alguna oportunidad de labios de un comentarista jocoso, Alfredo Rodríguez, este excelente pianista, director musical, arreglista y compositor, parece ser el resultado de una mezcla entre yoruba y chino.

Para la ya larga historia de la expresión musical del caribe, los barrios humildes de las grandes del caribe, los barrios humildes de las grandes urbes del área representan el lugar perfecto para el nacimiento, crecimiento y consolidación de la música popular; pues es allí donde se viven las alegrías, sacrificios, luchas, angustias y pesares que posteriormente se plasman en páginas musicales que traspasan fronteras y se convierten, muchas de ellas en clásicas e imprescindibles, a la hora de hacer un balance objetivo y con criterios serios de las obras fundamentales del repertorio popular del caribe.

En La Habana, los barrios de rumba han servido de inspiración a muchos músicos para componer páginas importantes y reconocidas, basta citar como ejemplo los aportes hechos por “El ciego Maravilloso”: Arsenio Rodríguez, en este sentido, cuando con su potente conjunto nos pone a gozar y a recordar con piezas como: “Juventud Amaliana”, “Los Sitios Hacere”, “El rumbón de Luyanó”, “Juventud de Cayo Hueso”, “Pueblo Nuevo se pasó”, “A Belén le toca ahora” y “El Cerro tiene la llave”; en las cuales exalta los valores musicales y humanos de estos barrios, en cuyas aceras y callejones reposan recuerdos y crónicas de una incalculable riqueza cultural.

Uno de estos barrios es El Vedado, la cuna de Alfredo en donde vio la luz en 1937 y cuyo recuerdo permaneció vigente en la mente y el corazón del maestro.

A propósito de esto, permítanme recordar una grabación lograda por Alfredo en 1993 en la que recuerda a su barrio querido y en la que además se destaca coincidiendo con Maya Roy conocida cronista, “su esencia en el lirismo musical” y agrega: la pieza “María y María” retrata la vida de dos mujeres que la historia ha separado y las dos están presentes en el corazón del pianista; una obra musical donde se instaura un diálogo entre ritmos afrocubanos, síncopas y elementos del Jazz”. Un aparte de la pieza reza así:

“Allá en el Barrio de El Vedado
A la orilla del río:
Dos casitas una al lado de la otra
Y dos Marías.

Un día, una de las dos dejó su tierra
se fue lejos
del otro lado del mar.

La otra sabía que volvería.
Es así que durante treinta años,
Cada noche, de pie en el portal,
María esperaba a María”

Y es que esa sensibilidad, ese lirismo, esa exquisitez, lo llevó Alfredo desde muy niño. En una entrevista lograda por los cronistas Leopoldo Tablante y Pablo Larraguibel, el maestro expresaba su interés por la música clásica la cual estudió desde joven en La Habana; ese gusto por la música clásica universal, se reflejaba en las interpretaciones del pianista, su cadencia, su delicadeza y cuidado al momento de la ejecución del instrumento, le valieron los mejores elogios de parte de la crítica especializada, además, su marcado interés por el trabajo de maestros universales como Debussy y Rachmaninoff, constituyó también una herramienta valiosa para la confección de la obra de Alfredo.

En la isla de Cuba nació el interés del pianista por la música, el cabaret y las fiestas de pueblo, fueron los espacios propicios para el fortalecimiento de este sentimiento, pero fue la capital del mundo, la ciudad de Nueva York, donde el pianista se hace músico de verdad.

Alfredo llega a esta ciudad en los albores de la década de 1960, cuando contaba 23 años, se radica allí buscando nuevos horizontes. Después de desarrollar algunas labores ajenas a la música, acepta la invitación de Arsenio Rodríguez a continuar estudiando y a dedicarse por completo a la música.

Ese amor y el gran respeto profesados por Alfredo por la expresión musical fueron influenciados por grandes maestros, unos pertenecientes a la corriente clásica, como lo anotábamos anteriormente, y otros que son leyendas en el ámbito de la música popular. Uno de esos músicos importantes que influenciaron al pianista fue Pedro Justiz, conocido por Tirios y Troyanos como “Peruchín”.

Este extraordinario maestro que se inspira en Chopin en lo clásico y en George Shearing en el jazz, fue reconocido como un pianista innovador y modernista para su época y uno de los pioneros del latín jazz. “Peruchín” creó con sus “tumbaos” y variaciones su propio estilo, el “estilo Peruchín”, una forma de tocar que ha servido de norte a una gran camada de pianistas entre quienes contamos a Alfredo Rodríguez, quien fue amigo personal de “Peruchín” y uno de sus más fervientes discípulos.

Fueron varias las páginas que Alfredo le dedicó a su maestro Pedro Justiz “Peruchín” conocido también como “El piano de Oriente”, “El rey de las teclas” o “El marqués de marfil” y quien Alfredo catalogó como uno de los más grandes pianistas cubanos de ayer, hoy y mañana; algunas de estas piezas son: “Te espero en el mar”, “Tumbao Peruchín” y de la cosecha de “Perucho, “Eh, mamey colorao”.

La carrera musical de Alfredo Rodríguez en Estados Unidos la podríamos catalogar como una maratón difícil, complicada y tortuosa; pues fueron muchas las orquestas por las que desfiló el pianista, siempre como músico acompañante. Su trabajo se hace difícil, porque a pesar de ser un genio, un virtuoso, los grandes consorcios y los propios directores de las orquestas, nunca le dieron el estatus que el pianista merecía. Otra de las razones por las cuales su carrera en Estados Unidos se hizo complicada y tortuosa, fue precisamente el aspecto que analizábamos comenzando este artículo, el profundo respeto que profesaba el maestro por sus principios y su estilo en la ejecución del piano.

Retomando la entrevista de los cronistas Tablante y Larraguibel, a propósito del tema que tratamos en este momento, Alfredo expresa: “En Nueva York cuando había que estar dentro de la candela yo estuve metido y nunca cedí a mis principios. Cuando mucha gente se regalaba por cuatro pesos, por decir “estoy tocando con fulano”, yo siempre seguí mi línea. No los criticaba, pero yo no lo hacía. Yo aguanté 22 ó 23 años en Nueva York, allí conocí a muchos que eran bravos, que no le tenían miedo a nada y los vi llorar, si no era el frío, era el idioma o la frialdad de la gente”.

Quizás debido a esta forma de pensar el maestro no era visto con buenos ojos por los directores y propietarios de las grandes casas del disco y quizás también, esa sea una de las razones por las cuales el pianista no tuvo una estabilidad marcada en ninguna orquesta y pasó de una banda a otra con tanta rapidez, que la lista de agrupaciones que acogieron al pianista se me antoja extensa. A continuación enumero alguno de estos colectivos en los cuales trabajó Alfredo, tanto en la ciudad de Nueva York, como en la ciudad de Miami:

CONJUNTO SENSACIÓN DE REY ROIG
SEXTETO DE JOE CUBA
ORQ. DE VICENTICO VALDÉS
CHARANGA DE BELISARIO LÓPEZ
ORQ. DE WILLIE ROSARIO
ORQ. DE JUSTO BETANCUR
ORQ. DE ALFREDO “CHOCOLATE” ARMENTEROS
ORQ. DE JOSÉ MANGUAL JR.
CHARANGA 76
CHARANGA LA REINA
CHARANGA DE JOSÉ ANTONIO FAJARDO
ORQ. DE ARTURO CAMPA
ORQ. DE MARIO MUÑOZ SALAZAR “PAPAÍTO”
CONJUNTO SON DE LA LOMA
ORQ. DE JESÚS ALEMAÑY
AMADOU BALAKE Y LA AFRO CHARANGA
ORQ. DE ISMAEL RIVERA
ORQ. DE LUPE VICTORIA YOLÍ, “LA LUPE”
CELIA CRUZ
CONJUNTO IRAZÚ
ORQ. DE LOUI COLÓN
ORQ. DE TATA VÁSQUEZ
DANIEL SANTOS
CHINO RODRÍGUEZ Y LA CONSAGRACIÓN
ORQ. NOVEL
ALFREDO DE LA FE
LITA BRANDA
ROBERTO PLA
FRANKLIN VELOZ

Pero varias de sus grabaciones especiales las logró al lado de un eximio percusionista: Carlos “Patato” Valdés. Alfredo fue invitado por “Patato” a grabar con su banda, a la vez el pianista contó con los servicios del conguero en su orquesta. Podríamos catalogar esta combinación como una fusión de dos fuerzas poderosas, dos mentes creativas, trabajando unidas para expresar ese sabor y sentimiento que sólo dos virtuosos como ellos podían ofrecer. Alfredo y “Patato” son innovadores cada uno en su instrumento y ambos marcaron el sendero que han seguido muchos teniendo presentes las enseñanzas de los dos genios. De esta unión surgieron álbumes antológicos como: “Ready For Freddy” bajo la etiqueta LP Ventures Inc., “Sonido sólido”, “Cuba Nueva York París” y “Patato Valdés Único y Diferente”, entre otros.

Pero como el mismo Alfredo lo expresa: “Nueva York es un país diferente de los Estados Unidos”, esta ciudad se convierte para muchos en una jungla de cemento, en una urbe que asfixia a aquellos artistas sensibles y alejados del ámbito meramente comercial y publicitario. Esta clase de artistas buscan nuevos aires, nuevos rumbos, nuevas oportunidades; “Monsieur oh la lá” (como se conoce a Alfredo) no resistía un minuto más en una ciudad que no entregaba nada interesante e innovador para él y decide radicarse definitivamente en el viejo continente, una empresa difícil, teniendo en cuenta las distancias culturales existentes entre el frío habitante europeo y el descomplicado, alegre y fiestero representante del caribe tropical.

Pero el ingenio, el tesón, el compromiso y profesionalismo del pianista, le permitieron abrir poco a poco las puertas y el corazón tanto del público, como de los músicos y empresarios, quienes vieron en Alfredo un diamante precioso para enriquecer el concepto cultural caribe en su tierra. En el viejo continente Alfredo Rodríguez amplió el horizonte afro – antillano, abriéndole las puertas de este maravilloso mundo a un puñado de músicos europeos, quienes entendieron la idea del pianista y se dejaron contagiar de la sapiencia y el sabor de los músicos latinos, entregando como resultado un producto que deleita el gusto del más exigente de los melómanos.

Y es Francia el país escogido por el músico para comenzar la conquista de Europa; su centro de operaciones es el barrio Montmatré a donde llega en el año 1983. Fue tanta la empatía del pianista con este país y con su gente, que a partir de ese momento su carrera tomó un rumbo diferente, ascendiendo vertiginosamente hasta ser reconocido como uno de los grandes de la música afro-antillana del viejo continente, apareciendo con frecuencia en los grandes clubes, salas de concierto y festivales de jazz.
En el país galo Alfredo conoce a una mujer interesantísima, quien desarrolló un trabajo muy importante al lado del maestro: Miké Charropin. Miké se desempeñó como productora ejecutiva, asistente de ingeniería, plasmó igualmente el concepto musical y artístico en varias de las obras de Alfredo y se presentó también como vocalista y arreglista.

Fue tanta la importancia que tuvo Francia en el resurgimiento de la carrera de Alfredo Rodríguez, que el músico expresó su agradecimiento en varias páginas como: “Mademoiselle Yi Yí”, “El Boule Boulevard”, “Monsieur oh la lá”, “Monsieur José” y “Para Francia flores”; además Alfredo es el encargado de ejecutar un hermoso acompañamiento de piano en el Guaguancó “Rumba pa´ París” con Carlos “Patato” Valdés.

No nos cansaremos de destacar el carácter innovador y vanguardista de Alfredo Rodríguez, quien por su inquietud introduce elementos nuevos y conceptos diferentes a ritmos y expresiones tan arraigadas y con tanta tradición como el Guaguancó, las Canciones del Culto Palo Monte, la Rumba y la Conga; y es precisamente Miké Charropin quien en sus notas nos describe ese trabajo experimental del pianista: “El piano no forma parte de los instrumentos de la Rumba”, dice Alfredo, “sin embargo, la fusión es realizable. El piano le da a la Rumba un color diferente y una acentuación característica. En el tema “Para Francia flores y para Cuba también”, se presenta un emocionante dúo entre canto y piano convirtiéndose en Guaguancó; el Guaguancó se transforma en Conga Oriental, por primera vez en la historia de la música cubana, un piano desafía a una comparsa santiaguera de carnaval la Conga de Los Hoyos la más popular de la isla. Imprevista fusión donde piano, voces, percusión, corneta china, se llaman y se responden en un lenguaje mágico”.

Otra de las facetas interesantes y diferentes en la carrera de Alfredo Rodríguez fue la de cantante. Esta es una información curiosa, la cual se puede sustentar con piezas vocalizadas por el pianista como: “Namporte qui Namporte cua”, “África 93” y “Yoya”, esta última a dúo con Miké Charropin.

Alfredo Rodríguez recorrió largos caminos, caminos muy difíciles en su historia musical acompañando a muchas de las grandes figuras de la salsa y el jazz, recorrido que le ayudó a obtener una vasta experiencia para lanzarse como solista y tener la autoridad para aconsejar a músicos jóvenes. El pianista hace parte de un selecto grupo de virtuosos quienes dejaron una estela de calidad en toda su obra musical; su trabajo sólo fue reconocido luego de radicarse en Europa, pues si bien es cierto que en Estados Unidos trabajó con muchas bandas, no pasó de ser un simple músico acompañante (así lo veían los empresarios y directores), limitando su capacidad creadora.

Infortunadamente el cáncer truncó la vida y la carrera de “Monsieur oh la lá”, ocasionándole la muerte el lunes 3 de octubre de 2005, la Agencia Francesa de Prensa informó así acerca de este lamentable hecho:

“París (AFP). El pianista cubano Alfredo Rodríguez falleció a los 69 años en el hospital parisino de Bretonneau, debido a un cáncer, anunciaron este martes fuentes del entorno del músico, quienes precisaron que su muerte se produjo el lunes 3 de octubre. Rodríguez se estableció en París en 1983 y desde entonces se convirtió en una figura emblemática de la música latina y del latín jazz en Europa.
Su último disco, CUBAN JAZZ, realizado con el grupo Los Acerekó, apareció en el año 2003.
Una celebración religiosa en su memoria se llevará a cabo el viernes a las 14:30 (hora local) en la iglesia parisina de San Pedro de Montmatré, barrio en el que Rodríguez vivía.”

Estas una discografía mínima de Alfredo Rodríguez como solista:

ALFREDO RODRÍGUEZ “Sonido Sólido”
TR Records 1983
Vocalistas: Eugenio Arango “Totico”, Carlos “Patato” Valdés, Luis Ayala
.ALFREDO RODRÍGUEZ “Monsieur oh la lá”
Caimán Records 1985
Vocalistas: Adalberto Santiago, Jimmy Sabater.
ALFREDO RODRÍGUEZ “Para Yoya”
Blen Caraibes 1993
Vocalistas: Alfredo Rodríguez, Miké Charropin, Pedro Calvo Jr.
ALFREDO RODRÍGUEZ “Cuba Linda”
Rykodisc Aníbal Records.
Vocalista: Gregorio Hernández “El Goyo”.
“Cuban Jazz” ALFREDO RODRÍGUEZ y “Los Acerekó”
Naxos World.
Vocalistas: Bobby Carcasés y Joel Hierrezuelo.

Se fue el gran Alfredo Rodríguez, un virtuoso que se entregó por completo a difundir y a cultivar las raíces musicales del caribe, un hombre a quien le gustaba caminar y filosofar y quien con su disciplina y dedicación nos dió ejemplo y nos enseñó a ser insobornables y profundamente respetuosos con la tradición.

FUENTES CONSULTADAS:

  • Leopoldo Tablante y Pablo Larraguibel: “Alfredo Rodríguez, solo contra el mundo”. www.anapapaya.com/especiales/e-arodrig.html
  • Hernando Bernal Martínez: “Hermeto Pascoal Brasil Universo”. Revista 91.9, Universidad Javeriana. Nº 18, Septiembre Noviembre de 1997. pp. 4 7.
  • Maya Roy: “Alfredo Rodríguez”. Notas en el disco “Para Yoya”, Blen Caraibes 1993.
  • Miké Charropin: Comentarios en el disco “Cuba Linda” Rykodisc, Aníbal Records, 1996.
  • Agencia Francesa de Prensa (AFP).
  • Programa Radial “El lenguaje de Son” Emisora Cultural Universidad de Antioquia, Sistema de Radio Educativa. 1.410 a.m. Sábados 5 p.m. Viernes 9 p.m.

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