HÉCTOR RIVERA: PIANISTA Y ARREGLISTA AFROANTILLANO

Por: Marcelo Palacio Bermúdez

En la música Afro antillana se han destacado un sinnúmero de hombres y mujeres que con su trabajo han dejado una huella indeleble en el escenario musical y han escrito la historia con su talento y esfuerzo personal; nombres como los de Mario Bauza, Rafael Cortijo, Celia Cruz, Tito Puente, Héctor Lavoe, Frank Grillo “Machito”, entre una inmensa lista, son reconocidos como instituciones – o leyendas si se quiere – en el recorrido histórico de la música de nuestros pueblos.

Pero a la sombra de estas grandes figuras se encuentra el trabajo de otros titanes, músicos entre los músicos, queridos y respetados por sus colegas, pero quienes por diferentes circunstancias no contaron con un efectivo respaldo comercial y su obra quedó relegada sin ser conocida por el gran público; una obra que como los tesoros de los galeones españoles estaba escondida, pero que para fortuna de los melómanos, ha sido recuperada poco a poco.

Uno de estos genios ocultos es el maestro Héctor Rivera, un excelente pianista, compositor, arreglaste y director de orquesta, nacido en Manhattan en 1933 en una familia de ascendencia boricua; su padre y su madre, ambos de Puerto Rico, eran apasionados por la música, de ahí el interés de Héctor por esta expresión cultural.

Héctor comienza su carrera tocando piano en la Rumba Band de José Rodríguez, con quien tocó en locales de fiesta, teatros y clubes.

El maestro quería expresar todas sus ideas musicales con sus composiciones y arreglos y decide matricularse en la Academia de música Lecompte en la Ciudad de Nueva York, estudiando bajo la dirección de Luis Varona, y es aquí donde aprende todos los secretos del Mambo. Pero es con la Orquesta del maestro Elmo García con la que Héctor tiene sus primeras experiencias en arreglos y composición.

En el año 1952 decide lanzarse al escenario de los líderes de bandas latinas y forma su primera agrupación, la cual bautizó como “Los tubos del Mambo”.

Luego de este importante acontecimiento y de sus presentaciones en el mítico Palladium, Héctor Rivera fue reclutado por las Fuerzas Armadas de Estados Unidos y enviado a una misión a Corea; posteriormente su escuadrón militar fue remitido a Guam, donde al maestro le asignaron una tarea especial: componer, orquestar y dirigir una producción musical con la historia del Mambo para el club nocturno GL. Recordemos que GL significa “General Insue” y fue un término utilizado por la Fuerzas Armadas Norteamericanas para determinar el personal armado raso, así como sus armas, uniformes, equipo de transporte, raciones, entre otros elementos.

Luego de su baja del ejército en 1955, Héctor refuerza su carrera estudiando arreglos y composición moderna con Gil Fuller, haciendo arreglos posteriormente para Stan Kenton, Dizzy Guillespie y tocando piano con la orquestas de Alfredito Levy y Moncho Leña, actuando igualmente al lado de figuras del calibre de Mon Rivera, Arsenio Rodríguez, Vicentico Valdés, entre otras.

Héctor Rivera fue reconocido como uno de los más talentosos y brillantes compositores y arreglistas por ser definitivamente un revolucionario en estos dos campos, entre 1955 y 1975 el maestro se destacó como uno de los gigantes del escenario musical del Nueva York de la época.

Según la crítica especializada el maestro es considerado un innovador, pese a que en su época surgían grandes estrellas que hacían más difícil el trabajo, exigiendo del músico todo su esfuerzo y talento.

El pianista recorrió los senderos de los ritmos latinos de moda en las décadas del 50 y 60, expresiones tan conocidas como el Cha – cha – cha, el Mambo y la Pachanga; destacándose igualmente en la Rumba y el Bolero.

Pero a pesar de su ascendencia latina y su virtuosismo para encarar los ritmos del área, el maestro incursionó, con una gran visión y una calidad incomparable, en ritmos cercanos a la juventud norteamericana como el Soul, y también abordó otros ritmos caribeños como el Calipso.

Héctor Rivera no fue ajeno a los cambios revolucionarios de los 60 y con una mentalidad de vanguardia quiso llegar con su música al público de Norte América y es así como nos entregó varias piezas con elementos tomados de expresiones foráneas, los cuales le dan más fuerza al repertorio del pianista, un repertorio que incluyó de igual manera los híbridos surgidos en el Spanish Harlem o el Barrio como un grito desesperado de quien necesita ser escuchado, a saber: el Boogaloo, el Shingalin, entre otros.

Apropósito de esto, permítanme contarles que promediando el decenio de 1960, el maestro publica un álbum titulado “ At the party whit Héctor Rivera”, el cual catapultó la carrera del pianista, gracias a la acogida que tuvo entre la juventud y la difusión lograda por los magazines especializados y por las estaciones de radio; comentarios como el siguiente se escucharon acerca de este fenómeno: “El Soul ha alcanzado una gran dimensión, una dimensión novedosa y salvaje; esa dimensión tiene nombre propio: Héctor Rivera”.

Gracias a su talento, a su agudeza, exquisitez e inteligencia, el maestro supo combinar los sonidos; tomando como base los ritmos latinos y fusionándolos con expresiones modernas, logró un resultado tan excitante que dejó atónitos a los más exigentes conocedores del Soul y los ritmos latinos.

Gracias a este trabajo el pianista es recordado también como uno de los más fantásticos compositores del Latin Soul, imponiendo de igual manera ritmos tan pegajosos y modernos, para la época, como el Soul Lyric. De esta experiencia quedaron algunas piezas que causaron furor dentro de la comunidad latina y anglosajona en el Nueva York de los 60, destacamos entre otras: “At the party”, “Shingaling Baby”, “Playing it cool”, “ I want you. I need you, I love you”.

Luego de este interesante período, Héctor Rivera se cotiza como un gran pianista y arreglista, logrando el respeto y la admiración de los músicos y productores de la ciudad de Nueva York, muchos de quienes recurrían a él para escuchar sus consejos y aprender de su experiencia; la charanga de Ray Barreto, el sexteto de Joe Cuba, la banda de Ralph Robles, el trabuco de Kako, la orquesta La Protesta de Tony Pabón, el conjunto Managua de Yoyito Cabrera y La Lupe, entre otras personalidades de la música, contaron con los servicios y la asesoría del maestro, quien trabajó también como pianista titular de conjuntos tan reconocidos como el Tumbao de Johny Pacheco.

Esto se escribió de Héctor a mediados de la década de 1970: “En el mundo de la música latina el nombre de Héctor Rivera se posiciona muy alto entre los gigantes. Sumado a esto, sus arreglos y composiciones dicen quién es quién entre los líderes de la bandas latinas”

LOS DISCOS Y LAS VOCES

Como anotábamos al comienzo de este artículo, los discos de Héctor Rivera son de difícil consecución, pues la obra del maestro no recibió el apoyo de los grandes consorcios, convirtiéndose por ende en joyas de colección que se han develado con el tiempo. El maestro contó con el apoyo y la participación de grandes figuras y excelentes cantantes en cada una de sus grabaciones, en este segmento trataremos de entregarles algunos detalles de una discografía básica del pianista.

Una de sus grabaciones más añejas es lograda para la casa Mercury Récord titulada “Let’s Cha cha cha”, un álbum que contiene diez piezas, ocho instrumentales y dos vocalizadas por Frank Suoffront; este cantante se destacó por sus grabaciones con agrupaciones tan destacadas como la charanga de Oscar Buffartique y el conjunto Guayama del tresero Charlie Rodríguez y quien en nuestro medio se hiciera famoso por ser el vocalista en la segunda producción de la orquesta Dicupé con números como “Pescando, Pescando”, “El Son de la Dicupé”, “Aquellos rumberos”, entre otros. De “Let’s Cha cha cha” se destacan los temas: “Yabucoa”, “Tamborí”, “Cuba Santy”, “Oiga el tambó”, “La enfermedad”, entre otros.

El álbum “At the party with Héctor Rivera” lo analizamos someramente en algunas líneas anteriores, pero permítanme complementar la información. El disco se grabó bajo la etiqueta Barry Récord exaltando con éste el estilo Soul, combinado con Shingalin y Calipsos; destacamos la excelente versión del clásico del Jazz Latino “Asia Minor” original de Roger King Mozian.

Recordemos que finalizando la década de los 50 y comenzando la de los 60, se vivió el auge de un ritmo fiestero y pegajoso, que gracias a su estructura y estilo contaba historias sencillas de la cotidianidad, el ritmo Pachanga. En esta tumultuosa época llena de cambios y creatividad, Héctor Rivera se convirtió en exponente importante del ritmo Pachanga y graba dos álbumes sencillamente extraordinarios: “Viva Rivera” y “The new latin dance sensation”, ambos para la casa Epic Récord.

En ellos el pianista hace un despliegue de sabor y sabiduría, entregando un producto de gran factura. Estrellas fulgurantes participaron en las grabaciones, destacamos a Armando Peraza, Marcelino Valdés, Rudy Calzado, entre otros; como resultado de estos dos trabajos se presento un repertorio muy interesante, recordando los temas “Ya se formó”, “Rumberos de ahora”, “Don Sebastián”, “Linda mulata”, “Tumba que tumba”, el clásico “La boa” y “Petite”, una pieza en versión instrumental que posteriormente se convertiría en una de las clásicas del repertorio salsero gracias a la grabación lograda por el sexteto de Joe Cuba acompañando a Willie García y conocida por propios y extraños como: “Mujer Divina”.

En la década del 70 Héctor Rivera llega al culmen de su producción salsera con álbumes antológicos que según mi humilde concepto hacen parte de las piezas capitales en la historia de la salsa, pues la gran mayoría de los temas son presentados de forma tal, que colman las expectativas del más exigente de los melómanos. En este período se publicaron los álbumes: “Hectomanía” bajo la etiqueta Four Points, “Para mi gente” y “Lo máximo” ambos para la casa Tico Récord; y el sensacional “The return of Héctor Rivera y su orquesta, y vuelve” bajo el sello UA Latino, dejando con ellos una estela de temas que sin duda alguna fueron confeccionados con toda la calidad y el esmero que exige el tema salsoso; varios de estos temas fueron:

”Acelerando”, “Aunque mami no quiera”, “Tumba el quinto”, “Guaguancó para los pollitos”, “Llora como yo”, “No creo en amores”,”Pa’ que puedan gozar”, entre otros.

“…pero el mundo es adverso y encuentro que tú no te fijas en mí”, así reza un aparte del hermoso bolero “Piénsalo bien”, una de las piezas clásicas del repertorio latinoamericano, y que podría ser con toda seguridad la queja del maestro Héctor Rivera, un músico que como lo anotábamos en algún segmento de este artículo se ganó el respeto de los colegas que tuvieron la oportunidad de entrar en contacto con él; y ese prestigio fue alcanzado gracias a la calidad y a la capacidad creadora del pianista. Pero infortunadamente el gran público no lo reconoce como una de sus estrellas, bien porque no han entendido el mensaje de su música o bien porque no se han detenido a analizar con profundidad y seriedad la obra del maestro.

Según la crítica, Héctor Rivera creo toda una escuela con sus arreglos sugestivos e innovadores, especialmente con el enfoque dado al sonido de sus trompetas, enfoque que sirvió de inspiración para la consolidación del estilo de agrupaciones surgidas a finales de la década del 60 y comienzos de la del 70.

Por esto y por muchas cosas más, el legado del maestro Héctor Rivera tiene una gran riqueza cultural y merece ser rescatado y estudiado con juicio y dedicación para no privarnos de la gracia de conocer el fruto de una de las carreras musicales más interesantes en el marco histórico de la música Afro antillana y que a la vez nos lleve a exclamar con energía y entusiasmo… ¡VIVA RIVERA!

El autor es Comunicador Social e Investigador de la Música Afro antillana , actualmente se desempeña como Director y Locutor del programa radial “El lenguaje del Son”, Emisora Cultural Universidad de Antioquia, 1410Khz. a.m.

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