ENTREVISTA: EDDIE “GUAGUA” RIVERA

Por: Juan Carlos Angel L.   17 de Julio de 2014

Con el fallecimiento de Eddie “Guagua” Rivera el día 21 de junio del 2014, nos dimos a la tarea de buscar en nuestro archivo la entrevista de esta gran persona y extraordinario músico, la cual aún no habíamos publicado; la charla la sostuvimos en una visita de algunos integrantes de la orquesta boricua Batacumbele a la ciudad de Medellín en el año 2008, liderados en esta oportunidad por Giovanni Hidalgo. Al abordar al maestro Eddie y pedirle si me podía conceder una entrevista, me sorprendí de la amabilidad y la educación de este excelente músico. Nos dirigimos al comedor del hotel y charlamos por largo rato, en él encontré a una persona simpática y tranquila, conocedora de Dios y muy espiritual, convencido de haber hecho una carrera musical seria y profesional.

Eddie Guagua fue un músico innovador, incursionó en varios géneros musicales como la salsa, el jazz y el rock, grabó en tres proyectos ganadores del premio Grammy con Eddie Palmieri en 1975, con el LP El sol de la música latina y en 1990 Unfinished masterpiece; y con Arturo Sandoval el LP Danzón. También fue líder de sus propios proyectos; en el año 1988 fundó The Latin Jazz Crew, nombre puesto por el manager y productor Arturo Campa; los músicos que lo acompañaron en este nuevo proyecto fueron Edwin Bonilla, percusión; Armando Díaz, saxo, clarinete y flauta; y Archie Peña, batería.

Del 2008 al 2010 también lideró el trío de jazz latino Opus Mundi con Dimas Sánchez en la batería; Tony Castillo, en el piano; y luego se integró Jorge Malave, en el saxo y la flauta. También trabajó con artistas de la talla de Daniel Santos, Gato Barbieri, Paul Brey, Charlie Palmieri, Mongo Santamaría, Johnny Pacheco, Meñique, y Hansel y Raúl, entre otros. Disfruten de esta charla cargada de datos y anécdotas del maestro. Paz en su tumba

P: Maestro, bienvenido a la ciudad de Medellín.
R: Primero, estoy muy contento de estar en esta ciudad que para mí es la más bella de Colombia. Ésta es la segunda vez que visito a Medellín. Mi primera visita creo que fue en 1975 que vine con Néstor Torres y grabamos en un estudio un trabajo para el padre de Néstor que es pianista.

P: Cuéntenos ¿dónde nació y de dónde eran sus padres?
R: Mi nombre es Eduardo Morales Rivera nací en Nueva York el 27 de septiembre de 1948 y mis padres nacieron en Puerto Rico. Mi papá, Eduardo Rivera, del barrio Aguas Buenas y mi madre Carmen Asencio del barrio de Quintana.

P: ¿Qué oficio desarrollaron sus padres al llegar a Estados Unidos?
R: Mi padre era latonero de carros y mi madre trabajaba en Manhattan de costurera, de eso ellos vivían; no eran fáciles esos días de 1948 pues para esa época no había televisión ni radio hispana, lo que había era un periódico que se llamaba Diario la Prensa, no decía mucho en español, casi todo era en inglés, y mis padres se fajaron y aprendieron a hablar inglés. La llegada de ellos a Nueva York fue buscando las calles de oro que de las que hablaba toda la gente en ese tiempo. Al principio no fue fácil, luego el negocio de mi padre fue exitoso. Ellos se rebuscaban su billete.

Como anécdota le cuento que cuando yo tenía como cuatro años, al cruzar la calle de donde yo vivía, había una funeraria, el propietario era un judío y contrataba a mi mamá que la apodaban “Bombón” y le pagaba cinco dólares para que solo se vistiera de negro y se sentara en la banca de atrás de la sala de velación y llorara, mi madre lloraba muy bien, era pura novela total, ja, ja, ja.

P: ¿Dónde hizo sus primeros estudios?
R: Entré a la escuela pública en los grados sexto, séptimo y octavo había un programa de música, empecé a tocar un poquito de trompeta, tenía como doce años y después cambié la trompeta por el bombardino; luego pasé al trombón. Integré una banda que era toda de niños, se llamaba el Combo Caribe, en esa banda llegaron a tocar músicos que después fueron famosos, como Paulo Rosario, Joe Santiago, Nicky Marrero, Carlos Berrios y Ernie Agosto, tocábamos arreglos de Tito Puente. Éramos todos chamaquitos y tocábamos en el Bronx y también en muchos clubes sociales.

P: ¿En qué momento pasó a tocar el bajo?
R: bueno, en ese grupo, Julio el bajista, tenía un bajo acústico y era el peor músico del grupo; como el bajo no se escuchaba por ser acústico nadie lo molestaba, y un día dijo: -Mira pronto compraré un bajo electrónico-. El director del grupo era el bajista Willie Centron por ese tiempo el tocaba saxofón y una noche trabajando en el Bronx Casino que tenía una escalera larguísima para salir a la calle, Julio la iba bajando con el bajo, Centron le puso zancadilla y rodó las escaleras y el bajo quedó en pedazos; se formó una peleíta entre los dos, a raíz de eso Julio se fue de la banda, y Centron me dijo: -Mira, ya no te tenemos bajista-, y le dije, -Creo que a mí me gusta ese instrumento, yo voy a estudiarlo-. Le dije a mi padre que quería aprender a tocar bajo y él fue a una tienda de música y me alquiló un bajo acústico por un mes; trascurrido el mes yo me quedaba en casa estudiando los discos de Tito Puente, Tito Rodríguez, Machito, Pérez Prado y también empecé a analizar la música de Cal TJader, Mongo Santamaría, eran discos de mi padre que le gustaba mucho esa música de avanzada, pues mi padre tocaba guitarra muy bien.

Bueno, practiqué para al menos aprenderme los tumbaos y mi padre decidió comprarme un Baby Bass, ahí fui ensayando todos los días en casa y desarrollando la técnica. Al año siguiente entré a la orquesta de Willie Colón y grabamos su primer LP “El Malo”. De la orquesta de chamacos se fueron muchos para donde Willie Colón, Paulito Rosario, Nicky Marrero y Joe Santiago, que por ese tiempo tocaba trombón; todos teníamos ya dieciséis años; en el grupo estaba Héctor Lavoe y teníamos un tema hit en la radio que era el instrumental Jazzi que sonaba en todo el barrio, en las tiendas de discos y en la radio, éramos el grupo Menudo de esa época en Nueva York. Pero no podíamos tocar en los clubes porque éramos menores de edad, solo podíamos tocar en club sociales, nos ganábamos cien dólares por presentación, el grupo se fue desarrollando y se puso mejor.

P: ¿Cómo conoció a Charlie Palmieri?
R: Un día fui a tocar en el Tropicoro un club que el dueño era Carlos Ortiz el boxeador famoso, esa noche tocaba Charlie Palmieri y el bajista no le llegó y él me dijo: -Oye niño, ¿quieres tocar con migo esta noche?-, yo le respondí: -Charlie, yo no sé leer música de bajo-, y me dijo: -No te apures-. Me montó a la tarima y toqué de oído y a Charlie le gustó. Me dijo: -Mira niño, dentro de dos semanas me voy a tocar con mi grupo a las montañas de Catskill, donde están los hoteles a dónde iban los judíos a pasar sus vacaciones-, ese lugar era como Las Vegas, era un trabajo muy bueno para los músicos, buen billete, los shows eran todas las noches, se presentaban artistas del calibre de Sammy Davis y Tony Bennett.

A Charllie le tocó firmar unos papeles que se hacía responsable de mí, porque yo era menor de edad, en esa estadía en las montañas fui aprendiendo su música de oído.

P: ¿De dónde viene el apodo de Guagua?
R: Eso fue allá mismo trabajando en las montañas, yo salía del baño de darme un duchazo de agua caliente y en el cuarto estaban Monty Laazar, saxofonista, y Papi Pagani, timbalero, los dos músicos de Tito Rodríguez. Ellos estaban en ese momento bajo la influencia de la heroína sentados en el sofá, cuando abro la puerta del baño y sale un vapor de humo detrás de mí, por el agua caliente, y Charlie Palmieri, que estaba sentado en el piano eléctrico escribiendo un bolero, me dijo cuando me vio: -Quédate quieto-, y yo todo gordito envuelto en la toalla, continuó: -Te pareces a una guagua en la neblina de Londres- y Monty se pone a reír, y Charlie me dijo: -De hoy en adelante eres Eddie Guagua- y así me quedé para toda mi vida en el mundo de la música.

Después de pasar esos dos meses en las montañas Charlie me dijo: -Mira, tú estás trabajando bien pero necesitas estudiar ese instrumento, te voy a conseguir unas clases con un bajista que se llama Cachao-, y yo dije: -¡Vaya!-.

Entonces Cachao vivía en un apartamento en la 110 al cruzar la calle del Parque Central, fui a recibir mi primer clase; ya tenía diecisiete años de edad y el maestro me dijo: -Bueno niño, siéntate aquí que vamos abrir este libro-, me acuerdo que era un libro grande amarrillo que se llama Método de solfeo eslavo, entonces me empieza a explicar las notas: -Mira, ésta es una negra, esta otra es una redonda y se llaman de tal manera, do – re – mi – fa – sol-, y él seguía y seguía explicando y yo estaba perdido porque ni siquiera sabía español y él no hablaba inglés, no entendía nada, y después de la hora Cachao cerró el libro, y le dije en inglés: -Cachao, quiero tocar tumbao, porque vi el bajo en una esquina de su apartamento-, y él me respondió: -No tumbao, primero tienes que aprender la lectura para aplicarla después al instrumento-, y me quedé analizando lo que me dijo, que primero la lectura. Le pagué los veinte dólares por la clase y me fui para la casa y nunca más en la vida recibí una clase de bajo con nadie, pero fue una experiencia muy importante para mi vida, poder conocer a Cachao a mi corta edad, después con el tiempo me empezó a llamar “Mijo”. Y llegamos a grabar varios discos juntos, él para mí era uno de los mejores bajistas.

P: Bueno, ¿entonces como aprendió a tocar el bajo sin que nadie le enseñara? ¿Y cómo se fue desarrollando su carrera artística?
R: Compraba los discos y practicaba en mi casa, y aprendí a leer música por mi cuenta. Luego me fui para el ejército y a mi regreso llamé a Charlie Palmieri para que me diera trabajo y me dijo que no tenía trabajo para mí en el momento, pero me dijo que me tenía un trabajo con otra orquesta, la de Pete Bonet y Louie Ramírez, que era una orquesta grande, tremendísima, tocaban cuatro noches en la semana en el club El Corso; con ellos estuve como cuatro meses, después pasé a la orquesta de Ray Barreto por dos meses, luego me fui con Mongo Santamaría por tres años.

Posteriormente me integro a la orquesta Harlow, y luego trabaje un año con Felix Cavalieri, el director de The Rascals, que es un grupo de Rock americano, hicimos una gira tremenda, Después me invitaban a grabar varias producciones con músicos como Johnny Pacheco, Louie Ramirez, Celia cruz, Papo Luca, y Melón, entre otros, en esa época grabamos mucho con el sello Fania. No había ensayos, nos pasaban los papeles y se grababa en vivo, todos en bloque; Louie Ramírez me decía: -Mira Guagua, cuando termines de tocar lo que está escrito, toca como tú lo sientas-, me daba libertad de inventar y con Larry Harlow era igual.  

Después de grabar el LP de “El día bonito” con Eddy Palmieri, me integré a trabajar con Gato Babieri por recomendación de mi pana Eddy Martínez, y me reencontré de nuevo con él, hicimos la gira del LP “Caliente” por Europa, que duró como dos años, luego regresé a Nueva York y me uní a la orquesta de Luis Perico Ortiz, en la que estaban Cachete Maldonado y Eric Figueroa que posteriormente seríamos los fundadores del grupo Batacumbele.

 

Eric Figueroa no me caí bien, él era un chamaco, tenía como veinte años y yo tenía como veintiocho o veintinueve. Yo a él lo conocía porque una vez estábamos ensayando con la orquesta de Charlie Rodríguez, el tresista, y Eric estaba en el piano; me dijo: -Oye, tú estás tocando mal-. Yo no lo conocía a él en ese entonces, lo miré y le dije: -¿Quién eres tú, de qué hablas?-, discutimos y se terminó el ensayo. Luego me llamó Perico y me dijo: -¿Quieres tocar en el grupo que estoy formando?-. Acepté la propuesta y al otro día fui al ensayo, vi en el piano a Eric y corrí a buscar a Perico y le dije: -Mira, si ése va tocar el piano, yo no puedo tocar contigo, no quiero tocar con ese niño-. Perico me dijo: -Yo sé que él es difícil pero yo lo manejo, por favor Guagua-, y me convenció. Después Eric y yo fuimos conociéndonos más y hoy en día es como un hermano para mí, para que veas que cuando Dios tiene un plan, nadie se lo puedes parar, y con la orquesta de Perico fuimos la agrupación del año y nos ganamos como el premio del LP del año, fue un éxito total, hicimos muchas giras.

Ya dentro de la misma orquesta de Luis Perico, Eric, Cachete y yo estábamos experimentando y estableciendo la raíz de Batacumbele.

Perico nos propuso ir en una gira a Puerto Rico, y los tres decidimos que era la oportunidad para quedarnos y formar el grupo. Cuando Perico fue a comprar los tiquetes de regreso le dijimos que nos quedábamos, y nos dijo: -Ustedes están locos-, y así nació Batacumbele.

P: ¿Por qué tomaron la decisión de que la orquesta naciera en Puerto Rico y no en Nueva York?
R: Porque tenía que ser en un pueblo que tuviera nacionalismo y en Nueva York no existía eso, había gente de muchas partes del mundo y no eran unidos, y en Puerto Rico buscamos ese apoyo nacional, que la gente lo hiciera suyo, porque vinimos para hacer cosas nuevas, eso fue un proyecto musicalmente muy exitoso.

P: ¿Te trajo algún problema ser un músico innovador?
R: Mira te cuento una anécdota, yo tenía muchos años de haberme ido de la orquesta Harlow, con ellos ya tocaba un bajista de nombre Julio Rosero; en una oportunidad nos encontramos en Miami, el tipo estaba arrebatado y me empezó a poner problema, yo no sabía por qué, pero después me enteré de que cuando estaba tocando los temas que yo grabé en la orquesta, Larry le decía: -Toca como está en las partituras-, y Julio lo tocaba tal cual, el problema era que yo nunca tocaba como estaba escrito, para que Julio tocara exactamente como sonaba en los LP tendría que escucharlos y aprendérselos, y Larry le decía: -Tócalo como lo toca Guagua-. Julio Rosero me vio y me repetía irónicamente: -Tócalo como Guagua- en repetidas veces, y Paulo Rosario, el bongosero, que estaba con él, le dijo: -Bueno, ya déjalo tranquilo a Guagua-, ja ja ja. Las partituras estaban escritas como se tocaba en los años 50, pero yo le metía mis cantazos para que sonara diferente.

P: De todas las orquestas por las que pasó, ¿cuál fue su mejor experiencia de aprendizaje que te dejó?
R: Para mí la mejor escuela fue la de Mongo Santamaría, con esta orquesta aprendí lo que es jazz y lo que era tocar sobre acordes, también aprendí a improvisar, eso me lo enseñaron los músicos que tocaban en la banda, pasábamos mucho tiempo en los cuartos practicando, y me perfeccioné más en la lectura, pero te cuento algo, yo estaba acostumbrado a tocar con pianistas de salsa, me sabía cómo tocaban normalmente ellos, pero los acordes que metía Eddy Martínez eran muy diferentes, tremendos, y yo decía “o men” y Eddy me decía: -Todas las notas caben, es cuestión de saberlas escuchar y entenderlas-. Eddy era tremendo, de él aprendí demasiado, yo en esa época tenía unos veintidós años era un hippie con el pelo muy largo, je je je.

P: ¿En qué año fue su primera gira y con cuál orquesta?
R: Fue en 1971, con la banda de Mongo Santamaría, fuimos a Montreux, Suiza, y grabamos un programa de televisión en vivo. Algunos de los músicos que conformaban el grupo eran Ray Maldonado, Steve Berrios, Armando Peraza y Eddy Martínez, entre otros; fue mi primer viaje como músico. Con Mongo viajé por varios países de Europa, teníamos mucho trabajo, eran músicos con experiencia, con ellos aprendí bastante de música y también de cómo es la vida en términos generales.

Foto – Martien Cohen

P: ¿Cuál fue el bajista que más lo influencio en su carrera artística?
R: Fue Bobby Rodríguez, el bajista de Tito Puente, él tocaba jazz, era muy adelantado y Cachao era un poco más tradicional cubano, Bobby tocaba con dobles cuerdas y me gustaba mucho más su estilo.

P: ¿Qué nos puedes contar de la grabación del LP “Del sol de la música latina” con Eddi Palmieri?
R: Eddy me llamó y me dijo que quería que yo tocara con él, pues iba a grabar un disco que creía iba a ser un éxito. Bueno, me invito al ensayo y me sorprendí al ver una banda tan grande, estaban músicos como Barry Rogers, José Rodríguez, Mario Rivera, Ronnie Cuber, Víctor Paz, Nicky Marrero y Alfredo de la Fe. Esa banda era tremenda, ensayamos esa noche y al día siguiente entramos a grabar al estudio de Jimmy Hendrix.

P: Que anécdotas nos puedes contar de la época que tocaste con la orquesta de Eddie Palmieri
R: Juntar a Víctor Paz y Chocolate Armenteros era un contraste tenaz. Ja ja ja. una vez fuimos a tocar a un club y Víctor Paz llegaba a los trabajos como viste un plomero, pero Chocolate se vestía de galán, elegancia total, entonces en el toque estaba haciendo un solo de trompeta, Chocolate voltea y Víctor Paz le dijo: -Oye mulato, para que lo sepas que tú estás desafinado-, Chocolate no le paró bolas y siguió tocando, y Víctor le repite de nuevo: -Oye mulato, todavía estas desafinado-, entonces Chocolate dejó de tocar y le dijo: -Sí, yo estoy desafinado, pero tú no sabes vestirte de corbata-, ja ja ja

P: ¿Por qué se alejó tanto tiempo de la salsa?
R: Me alejé, no porque no me gusta tocar música latina, porque si yo volviera a nacer sería de nuevo músico latino, lo que pasa es que estoy buscando en estos últimos años de hacer más ancho el camino que existe hoy, para que nuestra música se pueda desarrollar un poco más, para que en veinte años no suene igual como suena hoy, pero que sí tenga el mismo efecto o quizás mucho más de cómo suena hoy en día, porque nosotros pasamos por dos fases de aborto en nuestra música latina, la primera fue el boogaloo y la segunda la salsa romántica, dos abortos que por poco se va al fondo la salsa bien elaborada; gracias a Dios y a un país como Colombia que mantuvo la lucha, tomó la bandera y dijo que la salsa monga no va, que eso no camina aquí, lo que vale es la salsa brava, la salsa picante, si no fuera por orquestas como el Grupo Niche por darte un ejemplo, estuviéramos tocando actualmente salsa romántica, por eso les doy las gracias a ustedes los colombianos de verdad.

P: Maestro, cuéntenos qué hace actualmente.
R: Yo estoy buscando actualmente cosas espirituales dentro de la música, donde yo vivo, en Orlando, Florida. Voy a una iglesia bautista afroamericana donde toco el bajo y dirijo un trío, no hay un placer más grande de tocar música hacia Dios, hay que agradecerle a Dios por el don que nos ha dado de ser creadores, no es cuestión de religión, es de relación con Dios, y de saber lo que nos espera después de la muerte, nosotros tenemos un segundo de vida pero hay más cosas después de la muerte. Y nosotros los músicos, que se supone que somos tan inteligentes y tenemos el poder de influenciar con otra gente, y no lo hacemos por nuestros mismos compañeros. Cuántos músicos se nos han ido, por cuestión de los vicios, amigos míos bravos como Héctor Lavoe y Ray Maldonado.

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